Mirar el cielo, hermoso ejercicio.

 




Qué hermoso ejercicio, tan simple, tan disponible. Mirar el cielo. Perdernos un instante ahí.

Y de golpe… recordar la magia de estar presentes.
De estar vivos. De estar conectados.

Gracias por eso.

Incluso en estos tiempos,
donde la excusa es siempre la misma:
“no puedo”, “no llego”, “no tengo tiempo”,
“cuando tenga plata…”.

Probá esto:

Levantá apenas el mentón.
Anclá los pies en la tierra.
Dejá caer los brazos.

Mirá al frente…
y sin querer queriendo,
empezá a elevar la mirada.

De a poco.
Un poco más.
Y un poco más.

Hasta que, de golpe,
tus ojos se encuentren con el cielo
y su inmensidad.

Y ahí… algo cambia.

Con amor, Luciana.

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