El fuego no pide permiso.
Llega para transformar.

Hay fuegos que destruyen, sí.
Pero también existen los que iluminan caminos dormidos, los que derriten el miedo, los que convierten el dolor en movimiento.

El fuego habla de pasión, de deseo, de impulso vital.
De esa fuerza interna que aparece cuando dejamos de sobrevivir y empezamos a sentirnos vivos otra vez.

A veces arde como enojo.
Otras, como creatividad.
Y muchas veces, como una verdad que ya no puede seguir escondida.

El fuego nos invita a preguntarnos:

¿Qué parte de mí necesita arder para renacer?
¿Qué deseo mantengo apagado por miedo?
¿Qué pasaría si dejara de achicar mi intensidad?

Porque el fuego no vino a volvernos cómodos.
Vino a despertarnos.

Y cuando aprendemos a abrazarlo sin miedo, entendemos que no todo incendio es destrucción.
Algunos son el comienzo de una nueva versión de nosotros mismos.


Comentarios

Entradas populares