Un recuerdo de Benito para todo el mundo.
Vuelvo a escribir en mi blog de Blogspot, espacio que inauguré en 2009, fiel al manifiesto de Tu Despertar Creativo.
No se parece al de nadie: es mío. Íntimo, cambiante.
Y empieza cada día, cuando le doy permiso de ser, de crear, de vivirlo entero.
El 26 de abril de 2022 escribía en ese último post que había esclarecido que todo lo que hago comunica, que ahí me expando y soy feliz.
Hoy, 9 de febrero de 2026, retomo mi escritura en este espacio: para mí, por sobre todo, y para quien por causalidad llegue, lea y se lleve lo que necesite.
Retomo con el siguiente post.
¿Por qué un discurso sobre el amor nos emociona hasta las lágrimas en un mundo donde abunda la pelea, la agresión y la violencia?
Tal vez porque el alma reconoce la verdad cuando la escucha.
Porque, aunque el ruido del mundo sea el conflicto, nuestro lenguaje más profundo sigue siendo el amor.
Nos emociona porque nos recuerda quiénes somos cuando no estamos a la defensiva.
Nos emociona porque revela una necesidad colectiva: volver a tratarnos con humanidad.
Nos emociona porque, en el fondo, todos queremos creer que otra forma de habitar el mundo es posible.
Cuando alguien elige hablar de amor en medio del caos, no está siendo ingenuo: está siendo valiente.
Está señalando un camino.
Y quizás las lágrimas aparecen porque el corazón reconoce hogar cuando lo oye nombrar.
Ayer, mientras el mundo miraba un escenario gigante, muchos vieron a Bad Bunny.
Pero detrás de ese nombre está Benito: un chico de isla, de sueños grandes y pasos pequeños, pero firmes.
Benito no llegó ahí de un salto.
Llegó creyendo en su voz cuando nadie más la escuchaba, sosteniendo su esencia cuando era más fácil copiar, y apostando por su verdad incluso cuando no había garantías.
Y hay algo aún más profundo en su huella: desde el arte, con amor y con su obra entera, ha hecho sentir a Latinoamérica visible, orgullosa y viva.
A veces el arte logra lo que la política no puede: unir, representar y dar voz a quienes no siempre la tienen.
Ahí vive el recuerdo que nos deja: no se trata solo de hacer historia en un estadio, sino en la propia vida.
Cada vez que elegís ser vos.
Cada vez que honrás lo que amás.
Cada vez que seguís, aunque no veas el resultado.
Porque si hay un ingrediente capaz de transformar cualquier realidad, no es la fama, ni el talento, ni la suerte.
Es el amor.
Amor por lo que hacés.
Amor por quien sos.
Amor por tu raíz y por tu camino.
Creer en uno mismo también es un acto de amor.
Y ese amor, cuando es real, mueve montañas, escenarios… y destinos.



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