CONFÍA EN EL PROCESO


Hubo momentos en los que sentí que nada avanzaba. Que todo estaba estancado, pesado, fuera de lugar. Y sin embargo, con el tiempo entendí que mientras yo creía que nada pasaba, había piezas invisibles acomodándose en silencio, preparando algo que no esperaba… y que terminó superando con creces lo que alguna vez había pedido.


Aprendí que la vida no se mueve con mi calendario ni respeta mis plazos. Tiene su propia inteligencia. Su propio ritmo perfecto. Y que lo que muchas veces llamé demora, era en realidad preparación.


También comprendí que no existe una única línea del tiempo. Que son infinitas. Que cada una vibra en una frecuencia distinta. Ni mejor ni peor. Diferente. Y que, de algún modo, yo participo en cuál de esas frecuencias me muevo, según lo que elijo pensar, sentir y sostener cada día.


Empecé a observar qué frecuencia estaba sosteniendo cada día. Qué pensamientos alimentaba. Qué emociones repetía. Y entendí que moverme de línea no era correr más rápido, sino ajustar mi manera de mirar, sentir y elegir.


Ayer, charlando con una amiga/colega recordamos una frase de @alelernerok “si quiero un cielo nuevo, empiezo yo primero… para cambiar el mundo, empiezo por mi”, debería ser el himno de la humanidad. No se trata de esperar que el mundo cambie, sino de asumir la responsabilidad de mi propia vibración.


No es joda. No es cliché.


Con el tiempo me fui enamorando del proceso. Incluso de la incertidumbre. Incluso de la espera. Porque ahí, justo ahí, está la magia.


La magia que me permitió expandir la gratitud por todo lo que acontece. Aceptar cada situación como si, en algún plano más profundo, la hubiese elegido. Y desde que incorporé esta manera de ver, vivir y sentir la vida, todo empezó a tornarse perfecto.


Hasta las ansias.


Esas que en el cuerpo se sienten intensas, pero que ahora reconozco como una señal clara: mi mente queriendo escaparse del presente. Cuando lo veo así, deja de ser amenaza y se vuelve guía.


Y eso, para mí, es fabuloso.


Sigo aprendiendo. Sigo ajustando mi frecuencia.

Siento que cada instante puede reescribirlo todo. Y que, de algún modo silencioso, siempre está pasando algo a mi favor.


Feliz TODO, con Metta, 

Luciana.

Comentarios

Entradas populares